martes, 1 de enero de 2013

Plan Socialista




            En junio del 2009, el Presidente Chavez dio inicio a un espacio de reflexión que llamó “Alo Presidente teórico”. Durante el desarrollo de este programa el Presidente se extendió en argumentos sobre la necesidad de dar forma concreta al Poder Popular a través de los Consejos Comunales y la creación de las Comunas.

Como se sabe, en el país fueron creados miles de Consejos Comunales, básicamente atendiendo al llamado que Chavez había hecho. El MVR antes y el PSUV, luego, estuvieron al margen en tanto partidos, de la iniciativa asumida por sectores Chavistas de base, muchos no militantes, quienes con entusiasmo iniciaron la formación de aquellas expresiones concretas de lo que se ha dado en llamar el Poder Popular.      
     
Al examinar con atención las reflexiones del Presidente en torno a la materia, nos encontramos con una visión llena de buenas intenciones; el sueño de una sociedad de ciudadan@s empoderados, resolviendo y gestionando actos de gobierno en función de mejorar sus vidas. Sueño que también contempla la existencia de medios de producción animados hacia lo colectivo, buscando romper con la carga injusta que significa un sistema en el que unos son los dueños de los medios de producción y otros no tienen más remedio que vender sus propia fuerza y talento como forma de sobrevivir.   
        
En torno a esta contradicción  se han desarrollado infinidad de luchas, las cuales han modificado no solo la realidad del sistema de producción capitalista en sí, sino también obligado a asumir la creación de condiciones sociales en los cuales están presentes unos derechos para el trabajador.            Venezuela es un país en el cual predominan relaciones de producción capitalistas. Por siglos ese ha sido el modo de producción que ha contado con los mecanismos que proporciona el ejercicio del Poder para reproducirlo y mantenerlo. Como es lógico, dentro de él muchos han alcanzado niveles de vida altos. Lo malo es que también, a la par, crecen quienes carecen de lo más  mínimo, generando profundas desigualdades.  
        
En nuestro caso, a la par del éxito obtenido por algunos sectores sociales, crecía exponencialmente la pobreza. En esta situación la carga de violencia era latente.            Las soluciones a este problema reciben diversos tratamientos. Unos piensan que basta con abrir fuentes de trabajo suficientes para que la mayoría de la población viva  activamente. Por lo tanto, habrá que facilitar la inversión y la creación de empleo, a la par atender la competitividad.

El problema es que todo esto es visto desde la óptica que la rentabilidad del capital es muchos más importante que las condiciones del factor trabajo. A eso, con mayor o menos acento, apostaron los gobiernos anteriores a Chávez, digo, como fin de  las políticas que en realidad aplicaban, no por el discurso dado.    
       
El Presidente Chávez se ha propuesto impulsar una ruptura del Sistema Capitalista o, al menos, rebajar su primacía en el país. Para ello ha propuesto una mayor participación pública directa en la economía y la creación o impulso de formas colectivas de propiedad de medios de producción.     

 Se referencia en procesos revolucionarios producidos en otras latitudes; en otros tiempos y bajo condiciones distintas al Proceso que se desarrolla en Venezuela. Ha levantado el Socialismo como alternativa y al explicar su propuesta, exalta valores que han constituido objetivos de la Humanidad. Tal es el caso de la solidaridad y la igualdad. De allí que la lucha no solo se plantee en el plano político, también en lo cultural y en las ideas, puesto que en la realidad de hoy predominan otros valores, aquellos que tienen que ver  con el individualismo.       
    Los fundamentos de la proposición de creación de un estado comunal hay que buscarlos en el Socialismo del siglo XX, sistema que ya no domina sino en uno o dos países y que ha sido sometido a críticas descarnadas, centrándolas solo en sus aspectos negativos. Borrando cualquier aspecto que pudiera ser considerado positivo. Ni la Revolución Rusa, ni la China pudieron haberse sostenido solo a punta de represión, el orden generado desde ellas obtuvo la legitimidad que les permitió sobrevivir por largo tiempo y ser considerado, en parte de aquel, como una opción válida ante el capitalismo.            Lo cierto es que el presidente está convencido que su esfuerzo y liderazgo se pondrán en función de alcanzar una sociedad mucho más solidaria e igualitaria que la actual. De allí que impulsara las ideas del Estado comunal con todas sus fuerzas.        
  
  Como es de esperarse, una parte importante de la población responderá a su llamado en la misma dirección enfocada en el mensaje. Creyendo en sus bondades. Otras, en la prédica del mismo, lo asumirán sin creer en él. Por supuesto, no falta quien mantenga reservas fundamentadas sobre el destino de la ruta propuesta y en algunos casos lo expresarán.            Pero está claro que si la propuesta no logra construirse ajustada a la experiencia histórica y  a la realidad nacional e internacional, surgirá una fuerte oposición a ella, quizás de tal magnitud, que no le permitan avanzar ni un centímetro.        

   Los chinos confrontaron un problema semejante, que en el enunciado, resolvieron pragmáticamente definiendo la línea de un país; dos sistemas. Allá fue introducir modos de producción capitalistas en una sociedad profundamente rural, pero que por sí sola era un mercado de más de 1000 millones de personas. Acá es al contrario, se trata de introducir modos colectivos de  producir en una sociedad dominada culturalmente y económicamente por el capitalismo. Es decir, acá se intentará, pacíficamente, lo que en otras latitudes se hizo a través de la violencia. No deja de ser un reto de grandes proporciones, no exento de riesgos.

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